Hasta 1449
y aun en años posteriores, los libros se difundían en copias manuscritas por
copistas, muchos de los cuales eran monjes y frailes dedicados exclusivamente
al rezo y a la réplica de ejemplares por encargo del propio clero o de reyes y
nobles. A pesar de lo que se cree, no todos los monjes copistas sabían leer y
escribir. Realizaban la función de copistas, imitadores de signos que en muchas
ocasiones no entendían, lo cual era fundamental para copiar libros prohibidos
que hablasen de medicina interna o de sexo[cita necesaria]. Las ilustraciones y
las letras capitales eran producto decorativo y artístico del propio copista,
que decoraba cada ejemplar que realizaba según su gusto o visión. Cada uno de
sus trabajos, podía durar hasta diez años.
Entre 1436
y 1450, se le atribuyo al inventor alemán Johannes Gutenberg la
utilización de tipos móviles de metal no usados anteriormente para la reproducción
de la escritura, pero no se sabe bien quien fue el primero en implementarlas.
Investigadores aseguran que el primero fue el holandés Laurens Janszoon. Lo que
se sabe con certeza es que Gutenberg construyó, un aparato que logró fundir satisfactoriamente
las letras metálicas que usó en sus primeros libros, con las cuales imprimió su
famosa Biblia en 1455. A modo de anécdota podemos contar que debido a sus
deudas, Gutenberg fue embargado y la imprenta que lo hizo famoso quedó en mano
de sus acreedores, quienes con la venta de la Biblia aumentaron en cinco veces
su inversión inicial.
Sin embargo, para muchos estudiosos Gutenberg, en realidad no inventó nada, mucho tiempo antes que él, los chinos habían
desarrollado las técnicas de la impresión y de la fabricación de papel. Los
orfebres ya sabían fabricar buriles y los viñateros de Renania ya utilizaban
prensas con tornillo en sus vendimias. Pero todavía nadie había reunido estos
distintos inventos. El ingenio del impresor alemán lo llevó a desarrollar un
artefacto mecánico verdaderamente eficaz para la reproducción de los textos
escritos. Así se puede considerar como el verdadero padre del libro moderno. Fuente
(Fundación Educativa Héctor A. García)







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